El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 52, 24 de septiembre, 2011.
http://noticiasdeltropico-lorenzia3.blogspot.com/
Loki (1998-2011)
"El astuto", "El transformista", "Viajero del cielo" y "Mago de las mentiras" son algunos de los nombres con los que se conocía a este dios escandinavo tramposo, burlón y embustero, que hacía diabluras entre deidades y seres humanos por igual. Dice la Wikipedia que “el personaje del timador es de naturaleza compleja, es un maestro del engaño. Loki fue una figura de atenuada maldad, una suerte de estafador entre los dioses. En algunas oportunidades con sus trampas, engaños o bromas molestaba o ponía en apuros a los dioses y luego los ayudaba”.
Y es que Loki, si bien constituía un problema y una fuente de preocupaciones y disgustos para los habitantes del Olimpo nórdico (entre otras cosas, engendró a la serpiente de Midgard y a Fenrir, el lobo gigante destinado a engullir a Odín en el Ragnarök, la batalla del apocalipsis), también los proveía de objetos mágicos y herramientas poderosas para hacer el bien, como aquel martillo famoso de Thor. Loki, con todo y que desencadenaría el wagneriano ocaso de los dioses y del universo, también proveería de estrategias para superarlo.
A diferencia de su homónimo, Loki Careaga fue en vida amistoso, fiel, inocente, leal, alegre, tierno y esencialmente bueno. Era en extremo sociable, tanto con la especie canis, como con la homo sapiens, aun cuando le mordiera la mano a un tipo que se pasó de la raya. Y bien hecho, por cierto, pues no hizo más que cumplir con sus responsabilidades de protector y guardián. Cuando vivíamos en Chetumal, era bien conocido de todos los niños y niñas de la cuadra, quienes a su paso al kínder que estaba a la vuelta, siempre se paraban a saludarlo y acariciarle la cabeza. De hecho, yo era “la señora que vive en la casa de Loki”. Recién mudados a Cancún, ante su tristeza y nostalgia, lo llevé a Chetumal un fin de semana para que se despidiera de su jardín y entendiera que ya no regresaríamos. Eso y las fiestas que le hizo Motita cuando retornamos a Cancún, lo reanimaron.
Que era travieso, no cabe duda. Mordía las plantas y se comía las flores. Siempre atento a la menor oportunidad, si lograba traspasar la reja, salía disparado y había que correr tras él. Loki no entendía nada de obediencia, nunca logré que me hiciera el menor caso cuando se le metía una idea en la cabeza. Pero ¡ah, cómo disfrutaba salir a pasear y asomarse por la ventanilla del coche! Nada más me veía agarrar la correa, se precipitaba a la puerta emocionado y lleno de energía. Aunque era bastante silencioso y casi no ladraba, últimamente le había dado por aullarle a algo indefinido en el cielo, quizá a Loki, el volcán más poderoso del sistema solar, en la de por sí volcánica Ío. Quizá se estaba despidiendo.
Anubis, Cerbero, Xólotl, Garm… No hay mitología que no haya asociado a los canes con tres cosas: la muerte, el inframundo y la función de guía/acompañante de los seres humanos en su tránsito por la noche del alma. Loki sabe ahora todo acerca de la muerte, y si existe un paraíso perruno, estoy segura de que ya retoza en él. Nunca sería amenazador como guardián de las puertas del Averno, pues su nobleza trascendería hasta esa condición. Y no puedo pensar en alguien mejor que Loki para acompañarme y guiarme cuando me toque emprender el camino por el que él ya se adelantó.
Gracias, mi Loki, por tu compañía, tu amor y la alegría con la que llenaste mi vida durante poco más de trece años.
Mi tiempo, mi historia, mis ancestros, mi entorno y cualquier otra cosa que se me ocurra, me interese, me ocupe y me parezca divertido, interesante, hermoso o importante compartir desde el Caribe mexicano.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Epílogo tardío. Noticias del Trópico N° 51
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 51, 4 de julio, 2011.
http://noticiasdeltropico-lorenzia3.blogspot.com/
Epílogo tardío
Hace justo dos meses que regresé del Camino. Parecía que Galicia no quería dejarnos ir. Perdimos el avión de Madrid a Cancún por la tremenda neblina con que amaneció el día en que debíamos dejar Santiago de Compostela. Luego nos tocó hacer un rodeo y una escala de horas en el DF antes de llegar a casa. Durante las siguientes dos semanas, soñé cada noche con el Camino. Me sentía rara, triste y contenta a la vez, muy estimulada pero distraída, con ganas de seguir andando sin parar.
Alcanzar el Finisterre después de caminar más de doscientos kilómetros y de la jubilosa llegada a Compostela fue ciertamente un cierre. Físico, aunque quizá no anímico. Llegar a la Costa de la Muerte, ver el fin de la tierra y nada más allá que las aguas bravías del Atlántico, es bastante impresionante. No se siente como un final, sin embargo, sino como un alto forzado en el Camino. El mensaje es claro: Non Plus Ultra. Al menos, no a pie.
Antes de nuestro regreso pasamos unos días formidables en Santiago y La Coruña. Nos alcanzaron mis queridísimos amigos de Barcelona, Marga y Paco, y con ellos me fui a recorrer – caminando, claro está – los alrededores de la ciudad, mientras Addy viajaba a Betanzos, la tierra de sus ancestros maternos.
El recorrido de Santiago extramuros, que nos tomó todo el día, es una belleza de parques, jardines, colinas, calles empedradas y edificios medievales. Hay que quitarse el sombrero ante lo bien que están organizados los españoles – en este caso los gallegos – para recibir al turismo. Todo está perfectamente señalizado, con sugerencias de recorridos según los gustos del visitante, además de que hay centros de información turística por todos lados. Nunca perdimos de vista las torres de la Catedral a lo lejos, que nos servía de guía y punto de referencia.
Visitamos varios campus de la universidad, en uno de los cuales se encuentra un auditorio impresionante, cuya fachada está hecha de enormes bloques de granito en un diseño irregular, como si hubieran caído del cielo. También llegamos hasta el Monasterio de Bevis y tuvimos la suerte de entrar en la Colexiata de Santa María de Sar en el momento en que se preparaban para una boda, y un trío de mujeres, una al órgano, otra al violín y la tercera con una voz increíble, ensayaban para el evento. Se trata de una iglesia curiosa, cuyas paredes están completamente inclinadas hacia afuera y enormes contrafuertes exteriores constituyen el único impedimento para que se venga abajo. Nunca me había puesto a pensar en cuántas iglesias y catedrales se habrán caído por malos cálculos y terrenos cenagosos. Las catedrales góticas y románicas maravillosas que vemos en pie son las sobrevivientes de muchos otros intentos fallidos. En total contrate, conocimos la monumental Ciudad de la Cultura, un complejo colosal de vidrio y concreto en la cima de uno de los montes que rodean Santiago, y que alberga, por el momento, la Biblioteca y el Archivo de Galicia. Cuando lo terminen, de aquí a varios años, tendrá auditorios, salas de exposiciones, museos, salas de conciertos y de cine, y un sinfín de espacios más, todos dedicados a la cultura y las artes.
Para irnos a La Coruña, Paco rentó un coche y Addy se unió a la aventura. La Coruña es uno de los principales puertos de Galicia y de España. Su highlight es la Torre de Hércules, un faro visible desde cualquier punto de la ciudad, en lo alto de una colina. A su alrededor hay un enorme parque con diversas zonas de esculturas, lleno de caminantes, corredores, ciclistas, gente haciendo ejercicio, uno que otro grupo de gaiteros tocando, y todos admirando el paisaje. Comimos pulpos, zamburiñas y otras delicias del mar, rociadas con el excelente vino de la región, y retornamos a Santiago para despedirnos. Al día siguiente había que regresar a casa.
Fue maravilloso cerrar la experiencia del Camino con la calidez de una amistad que data ya de décadas. Conocí a Marga cuando yo tenía apenas 18 años. Es mi amiga del alma. Y fue alivianador para esa alma poderle desear a ella, a Paco y a Addy, mi compañera jacobea, un “buen camino” – la frase clave de los peregrinos - y que no falten las flechas amarillas como guías.
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Epílogo tardío
Hace justo dos meses que regresé del Camino. Parecía que Galicia no quería dejarnos ir. Perdimos el avión de Madrid a Cancún por la tremenda neblina con que amaneció el día en que debíamos dejar Santiago de Compostela. Luego nos tocó hacer un rodeo y una escala de horas en el DF antes de llegar a casa. Durante las siguientes dos semanas, soñé cada noche con el Camino. Me sentía rara, triste y contenta a la vez, muy estimulada pero distraída, con ganas de seguir andando sin parar.
Alcanzar el Finisterre después de caminar más de doscientos kilómetros y de la jubilosa llegada a Compostela fue ciertamente un cierre. Físico, aunque quizá no anímico. Llegar a la Costa de la Muerte, ver el fin de la tierra y nada más allá que las aguas bravías del Atlántico, es bastante impresionante. No se siente como un final, sin embargo, sino como un alto forzado en el Camino. El mensaje es claro: Non Plus Ultra. Al menos, no a pie.
Antes de nuestro regreso pasamos unos días formidables en Santiago y La Coruña. Nos alcanzaron mis queridísimos amigos de Barcelona, Marga y Paco, y con ellos me fui a recorrer – caminando, claro está – los alrededores de la ciudad, mientras Addy viajaba a Betanzos, la tierra de sus ancestros maternos.
El recorrido de Santiago extramuros, que nos tomó todo el día, es una belleza de parques, jardines, colinas, calles empedradas y edificios medievales. Hay que quitarse el sombrero ante lo bien que están organizados los españoles – en este caso los gallegos – para recibir al turismo. Todo está perfectamente señalizado, con sugerencias de recorridos según los gustos del visitante, además de que hay centros de información turística por todos lados. Nunca perdimos de vista las torres de la Catedral a lo lejos, que nos servía de guía y punto de referencia.
Visitamos varios campus de la universidad, en uno de los cuales se encuentra un auditorio impresionante, cuya fachada está hecha de enormes bloques de granito en un diseño irregular, como si hubieran caído del cielo. También llegamos hasta el Monasterio de Bevis y tuvimos la suerte de entrar en la Colexiata de Santa María de Sar en el momento en que se preparaban para una boda, y un trío de mujeres, una al órgano, otra al violín y la tercera con una voz increíble, ensayaban para el evento. Se trata de una iglesia curiosa, cuyas paredes están completamente inclinadas hacia afuera y enormes contrafuertes exteriores constituyen el único impedimento para que se venga abajo. Nunca me había puesto a pensar en cuántas iglesias y catedrales se habrán caído por malos cálculos y terrenos cenagosos. Las catedrales góticas y románicas maravillosas que vemos en pie son las sobrevivientes de muchos otros intentos fallidos. En total contrate, conocimos la monumental Ciudad de la Cultura, un complejo colosal de vidrio y concreto en la cima de uno de los montes que rodean Santiago, y que alberga, por el momento, la Biblioteca y el Archivo de Galicia. Cuando lo terminen, de aquí a varios años, tendrá auditorios, salas de exposiciones, museos, salas de conciertos y de cine, y un sinfín de espacios más, todos dedicados a la cultura y las artes.
Para irnos a La Coruña, Paco rentó un coche y Addy se unió a la aventura. La Coruña es uno de los principales puertos de Galicia y de España. Su highlight es la Torre de Hércules, un faro visible desde cualquier punto de la ciudad, en lo alto de una colina. A su alrededor hay un enorme parque con diversas zonas de esculturas, lleno de caminantes, corredores, ciclistas, gente haciendo ejercicio, uno que otro grupo de gaiteros tocando, y todos admirando el paisaje. Comimos pulpos, zamburiñas y otras delicias del mar, rociadas con el excelente vino de la región, y retornamos a Santiago para despedirnos. Al día siguiente había que regresar a casa.
Fue maravilloso cerrar la experiencia del Camino con la calidez de una amistad que data ya de décadas. Conocí a Marga cuando yo tenía apenas 18 años. Es mi amiga del alma. Y fue alivianador para esa alma poderle desear a ella, a Paco y a Addy, mi compañera jacobea, un “buen camino” – la frase clave de los peregrinos - y que no falten las flechas amarillas como guías.
miércoles, 25 de mayo de 2011
NOTICIAS DEL TRÓPICO El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 50, 29 de abril, 2011.
Santiago de Compostela: Mil caminos, un destino
Conocí a Addy en 1995. Tiempo después nos hicimos amigas, con todo y que, por la diferencia de edad, bien podría ser mi hija. Hoy sigo teniendo ese privilegio. Siempre admiré su mente brillante, tesón e independencia. Es, además, una mujer de recursos, despierta, observadora, valiente y generosa. No podría haber hecho este camino en mejor compañía y le estoy muy agradecida por haberme dicho "¿Quieres ir a Santiago? ¡Pues vente!"
Y en Santiago estoy.
Comencé a escribir estas noticias a escasos 40 kilómetros de Compostela. Hoy no sólo ya estamos en nuestro destino, sino que ya hasta fuimos a Finisterre, la meta de las antiguas peregrinaciones celtas para conocer el fin del mundo, donde el gran mar se volvía un misterio poblado de monstruos y sirenas, cuando no había ni veredas ni guías, excepto la Vía Láctea; antes de que Santo Domingo, justamente apodado "De la Calzada", comenzara a construir caminos y puentes para los peregrinos jacobeos.
Nos tomamos con calma la llegada, haciendo etapas de entre 18 y 20 kilómetros. Pasamos la noche del martes en el Monte del Gozo, a 5 kilómetros de Santiago, desde donde ya se vislumbran las torres de la catedral, con el propósito de entrar frescas y descansadas al día siguiente. Llegamos el miércoles a las 12 del día, hora de la Misa de Peregrinos. Se pensaría que el interior de esa hermosa catedral era silencio y recogimiento, pero no fue así. ¿Cómo creen que nos tocó entrar? Al ritmo de un escandaloso grupo de danzantes concheros, con penachos de plumas, tambores, guitarras y sonando caracoles!!! Que además no creo que vinieran caminando, porque no los vimos en ninguna etapa del camino. Bailaron en la Plaza del Obradoiro, luego frente a la Puerta de la Gloria y todavía entraron al recinto al son de sus instrumentos. Llegó un momento que me dio vergüenza ajena porque muchos peregrinos, que estaban de lo más emocionados por su llegada al corazón de Compostela, se empezaron a enojar y a protestar. Finalmente se callaron y empezó la misa. El padre estaba acompañado de otros sacerdotes canadienses e italianos y los mensajes se dijeron en varias lenguas; además se mencionaron a los peregrinos que ahí estábamos, diciendo de donde habían partido y cuál era su nacionalidad. El evangelio versó sobre ese peregrino en la calzada de Emaús, que es un pasaje bastante bonito, y la homilía estuvo dedicada a todos los caminantes. Yo realicé los encargos que llevaba y hasta hoy pude abrazar al Santo, que es parte del ritual jacobeo. Con todo y que advertí a quienes dan la Compostela que mis intenciones no habían sido religiosas, me la dieron igual porque ecuménicamente aceptan cualquier propósito espiritual.
Santiago es una ciudad preciosa, especialmente la parte antigua, de callejones y edificios de piedra con unos ventanales volados que dejan entrar la luz y las bellezas del paisaje. Ayer recorrimos la Costa de la Muerte hasta Finisterre. Se llama así por lo bravío del mar, que nos tocó bastante en calma, además de un día soleado y cálido. Hemos comido delicioso toda suerte de mariscos.
Ha sido una experiencia única que con gusto repetiría. Me han quedado ganas de seguir andando. Conocimos hace unos días a un peregrino de Nueva Caledonia (yo tampoco sabía es que una isla territorio francés al lado de Nueva Zelanda), que llevaba un mes andando y ya había hecho 800 kilómetros desde Irún, en la frontera del país vasco con Francia. Decía que se sentía contento de estar a punto de llegar a Compostela, pero que al mismo tiempo no quería que la aventura terminase. Yo me sentí igual, muy feliz de haber alcanzado la meta, pero con una gran nostalgia del camino. Sé que extrañaré el silencio de los campos y bosques, el sonido del viento en las ramas de los árboles, los cantos de los pájaros, el agua de los riachuelos. Regresaría a Santiago, ahora por la vía del Camino Inglés, el año que entra. ¿Por qué no?
Conocí a Addy en 1995. Tiempo después nos hicimos amigas, con todo y que, por la diferencia de edad, bien podría ser mi hija. Hoy sigo teniendo ese privilegio. Siempre admiré su mente brillante, tesón e independencia. Es, además, una mujer de recursos, despierta, observadora, valiente y generosa. No podría haber hecho este camino en mejor compañía y le estoy muy agradecida por haberme dicho "¿Quieres ir a Santiago? ¡Pues vente!"
Y en Santiago estoy.
Comencé a escribir estas noticias a escasos 40 kilómetros de Compostela. Hoy no sólo ya estamos en nuestro destino, sino que ya hasta fuimos a Finisterre, la meta de las antiguas peregrinaciones celtas para conocer el fin del mundo, donde el gran mar se volvía un misterio poblado de monstruos y sirenas, cuando no había ni veredas ni guías, excepto la Vía Láctea; antes de que Santo Domingo, justamente apodado "De la Calzada", comenzara a construir caminos y puentes para los peregrinos jacobeos.
Nos tomamos con calma la llegada, haciendo etapas de entre 18 y 20 kilómetros. Pasamos la noche del martes en el Monte del Gozo, a 5 kilómetros de Santiago, desde donde ya se vislumbran las torres de la catedral, con el propósito de entrar frescas y descansadas al día siguiente. Llegamos el miércoles a las 12 del día, hora de la Misa de Peregrinos. Se pensaría que el interior de esa hermosa catedral era silencio y recogimiento, pero no fue así. ¿Cómo creen que nos tocó entrar? Al ritmo de un escandaloso grupo de danzantes concheros, con penachos de plumas, tambores, guitarras y sonando caracoles!!! Que además no creo que vinieran caminando, porque no los vimos en ninguna etapa del camino. Bailaron en la Plaza del Obradoiro, luego frente a la Puerta de la Gloria y todavía entraron al recinto al son de sus instrumentos. Llegó un momento que me dio vergüenza ajena porque muchos peregrinos, que estaban de lo más emocionados por su llegada al corazón de Compostela, se empezaron a enojar y a protestar. Finalmente se callaron y empezó la misa. El padre estaba acompañado de otros sacerdotes canadienses e italianos y los mensajes se dijeron en varias lenguas; además se mencionaron a los peregrinos que ahí estábamos, diciendo de donde habían partido y cuál era su nacionalidad. El evangelio versó sobre ese peregrino en la calzada de Emaús, que es un pasaje bastante bonito, y la homilía estuvo dedicada a todos los caminantes. Yo realicé los encargos que llevaba y hasta hoy pude abrazar al Santo, que es parte del ritual jacobeo. Con todo y que advertí a quienes dan la Compostela que mis intenciones no habían sido religiosas, me la dieron igual porque ecuménicamente aceptan cualquier propósito espiritual.
Santiago es una ciudad preciosa, especialmente la parte antigua, de callejones y edificios de piedra con unos ventanales volados que dejan entrar la luz y las bellezas del paisaje. Ayer recorrimos la Costa de la Muerte hasta Finisterre. Se llama así por lo bravío del mar, que nos tocó bastante en calma, además de un día soleado y cálido. Hemos comido delicioso toda suerte de mariscos.
Ha sido una experiencia única que con gusto repetiría. Me han quedado ganas de seguir andando. Conocimos hace unos días a un peregrino de Nueva Caledonia (yo tampoco sabía es que una isla territorio francés al lado de Nueva Zelanda), que llevaba un mes andando y ya había hecho 800 kilómetros desde Irún, en la frontera del país vasco con Francia. Decía que se sentía contento de estar a punto de llegar a Compostela, pero que al mismo tiempo no quería que la aventura terminase. Yo me sentí igual, muy feliz de haber alcanzado la meta, pero con una gran nostalgia del camino. Sé que extrañaré el silencio de los campos y bosques, el sonido del viento en las ramas de los árboles, los cantos de los pájaros, el agua de los riachuelos. Regresaría a Santiago, ahora por la vía del Camino Inglés, el año que entra. ¿Por qué no?
sábado, 23 de abril de 2011
En Galicia: Guía de las peregrinas mexicanas. NOTICIAS DEL TRÓPICO 49
NOTICIAS DEL TRÓPICO
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 49, 23 de abril, 2011.
En Galicia: Guía de las peregrinas mexicanas.
En 1140, un peregrino francés, Aymeric Picaud hizo a caballo el camino a Santiago y escribió una Guía del Peregrino, probablemente la primera en su género, misma que hoy forma parte del Códex Calixtinus, resguadrado en la catedral de Santiago de Compostela. En ella, el buen Aymeric describía así a mis ancestros vascos: "Éste es pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en costumbres y modo de ser, colmado de maldades, oscuro de color, aspecto inicuo, depravado, perverso, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, ducho en toda suerte de violencias, feroz, silvestre, málvado y réprobo, impío y áspero, cruel y pendenciero, falto de cualquier virtud y diestro en todos los vicios e iniquidades, parecido en maldad a los getas y sarracenos, y enemigo de nuestro pueblo galo en todo". Para rematar, dice que los vascos "descienden del linaje de los escoceses, pues a ellos se parecen en sus costumbres y aspecto". Creo que por eso John y yo nos llevamos divinamente. Luego describe las tierras de León y Galicia, a las cuales dota de tesoros en miel, leche, vides, pan, caballos, carne, pescado, oro y plata, pero apunta que leoneses y gallegos son "hombres malos y viciosos" los primeros, e "iracundos y litigosos" los segundos.
A riesgo de entrar en controversia con Monsieur Picaud, diré que nos hemos encontrado con gente amabilìsima desde León hasta Galicia, que nos han acompañado, ayudado, guiado y, en general, contribuido a que nuestra aventura se esté desarrollando de maravilla. Desde una deliciosa conversaciòn en francés con una viejita en su balcón, hasta don Pepito en Samos, quien me cambió el burdo palo que llevaba por un bastón más bonito y ligero, desde un leonés que nos guió a las 12 de la noche al hotel, hasta los amigos catalanes con quienes cantamos La Bamba y recorrimos las dos últimas etapas del camino, hemos tenido experiencias muy agradables y han sido contadas las excepciones.
Estamos en Palais de Rei, a escasos 70 km de Santiago de Compostela, y casi no lo puedo creer. Hasta se me hacen pocos... El cambio en el paisaje ha sido increíble, de la planicie a las montañas, de la aridez al verdor, los cultivos, los bosques de robles y encinos, los pinares. Hace unos días, rumbo a Sarriá, Addy tomó por la carretera y yo decidì seguir el camino jacobeo. Pasaron 10 km. antes de que me topara con un ser humano. Recorrí en total soledad bosques como de cuento de hadas, atravesando huertos y establos de vacas. Galicia es una maravilla, creo que de los lugares más bellos de España. Cada recodo del camino invita a tomar una foto. Las flechas amarillas, que van señalando la ruta en medio de la nada, se convirtieron en amigas que me dicen "vas bien, sigue adelante", y sentí la compañía de aquellos que se tomaron el tiempo para pintarlas en piedras y bardas, así como de todos quienes pisaron estos senderos antes de mí. A partir de Sarria, sin embargo, ya somos multitud, pues han aparecido peregrinos de todas partes y conforme nos acercamos a la meta, cada vez hay más gente en el camino, incluso peregrinos a caballo. Hemos visto cigüeñas en sus nidos sobre los campanarios, centenares de caracoles, conejos que se esconden rápidamente en el follaje, pájaros diversos, vacas, perros, gatos, caballos, y nos ha acompañado el canto del cucú y de los gallos. He recogido hinojo y lavanda silvestre a la vera del camino, entre miles de flores azules, blancas y amarillas, y los chispazos rojos de las amapolas.
Ayer en Morgade comenzaron los últimos 100 kilómetros antes de llegar a Compostela. El camino ha sido duro a veces, un poco menos demandante, otras. Nuestro lìmite han sido 25 km diarios, no más, a una velocidda promedio de 3 km por hora, dado que hay toboganes continuamente, es decir, subidas empinadas y bajadas ídem. A veces el camino es de asfalto o grava, a veces es un lodazal, a veces se convierte en un río y hay que saltar de piedra en piedra. Llevamos caminados unos 134 km y al final del día las rodillas duelen, los calambres amenazan, las ampollas se hacen presentes, pero pienso en lo que me dice Nacho, mi entrenador: "Lore, ese dolor es adaptaciòn", y sigo adelante.
Seguí pensando para qué estoy haciendo este camino y una primera respuesta me dejó momentáneamente satisfecha: para tener una experiencia que no habìa tenido nunca y que jamás pensé poder tener. 200 y pico kilómetros a pie me parecen una proeza, pero sobre todo me han dado una seguridad en mi misma y en mis capacidades que no tenía. Me he sentido libre y en armonía conmigo misma. Veo, asimismo, el camino de Santiago como la perfecta meditaciòn en movimiento, la forma óptima de mantenerme en el presente, pues el camino demanda atenciòn y estar alerta, a riesgo de perder el paso, caerte o torcerte un tobillo, no ver las señales y equivocarte de ruta. El camino es el aquí y el ahora.Tambièn he comprobado que en esta ruta, como en la vida, cada quien hacemos nuestro camino y vamos a nuestro ritmo, con total responsabilidad por cada paso.
Continuará...
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 49, 23 de abril, 2011.
En Galicia: Guía de las peregrinas mexicanas.
En 1140, un peregrino francés, Aymeric Picaud hizo a caballo el camino a Santiago y escribió una Guía del Peregrino, probablemente la primera en su género, misma que hoy forma parte del Códex Calixtinus, resguadrado en la catedral de Santiago de Compostela. En ella, el buen Aymeric describía así a mis ancestros vascos: "Éste es pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en costumbres y modo de ser, colmado de maldades, oscuro de color, aspecto inicuo, depravado, perverso, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, ducho en toda suerte de violencias, feroz, silvestre, málvado y réprobo, impío y áspero, cruel y pendenciero, falto de cualquier virtud y diestro en todos los vicios e iniquidades, parecido en maldad a los getas y sarracenos, y enemigo de nuestro pueblo galo en todo". Para rematar, dice que los vascos "descienden del linaje de los escoceses, pues a ellos se parecen en sus costumbres y aspecto". Creo que por eso John y yo nos llevamos divinamente. Luego describe las tierras de León y Galicia, a las cuales dota de tesoros en miel, leche, vides, pan, caballos, carne, pescado, oro y plata, pero apunta que leoneses y gallegos son "hombres malos y viciosos" los primeros, e "iracundos y litigosos" los segundos.
A riesgo de entrar en controversia con Monsieur Picaud, diré que nos hemos encontrado con gente amabilìsima desde León hasta Galicia, que nos han acompañado, ayudado, guiado y, en general, contribuido a que nuestra aventura se esté desarrollando de maravilla. Desde una deliciosa conversaciòn en francés con una viejita en su balcón, hasta don Pepito en Samos, quien me cambió el burdo palo que llevaba por un bastón más bonito y ligero, desde un leonés que nos guió a las 12 de la noche al hotel, hasta los amigos catalanes con quienes cantamos La Bamba y recorrimos las dos últimas etapas del camino, hemos tenido experiencias muy agradables y han sido contadas las excepciones.
Estamos en Palais de Rei, a escasos 70 km de Santiago de Compostela, y casi no lo puedo creer. Hasta se me hacen pocos... El cambio en el paisaje ha sido increíble, de la planicie a las montañas, de la aridez al verdor, los cultivos, los bosques de robles y encinos, los pinares. Hace unos días, rumbo a Sarriá, Addy tomó por la carretera y yo decidì seguir el camino jacobeo. Pasaron 10 km. antes de que me topara con un ser humano. Recorrí en total soledad bosques como de cuento de hadas, atravesando huertos y establos de vacas. Galicia es una maravilla, creo que de los lugares más bellos de España. Cada recodo del camino invita a tomar una foto. Las flechas amarillas, que van señalando la ruta en medio de la nada, se convirtieron en amigas que me dicen "vas bien, sigue adelante", y sentí la compañía de aquellos que se tomaron el tiempo para pintarlas en piedras y bardas, así como de todos quienes pisaron estos senderos antes de mí. A partir de Sarria, sin embargo, ya somos multitud, pues han aparecido peregrinos de todas partes y conforme nos acercamos a la meta, cada vez hay más gente en el camino, incluso peregrinos a caballo. Hemos visto cigüeñas en sus nidos sobre los campanarios, centenares de caracoles, conejos que se esconden rápidamente en el follaje, pájaros diversos, vacas, perros, gatos, caballos, y nos ha acompañado el canto del cucú y de los gallos. He recogido hinojo y lavanda silvestre a la vera del camino, entre miles de flores azules, blancas y amarillas, y los chispazos rojos de las amapolas.
Ayer en Morgade comenzaron los últimos 100 kilómetros antes de llegar a Compostela. El camino ha sido duro a veces, un poco menos demandante, otras. Nuestro lìmite han sido 25 km diarios, no más, a una velocidda promedio de 3 km por hora, dado que hay toboganes continuamente, es decir, subidas empinadas y bajadas ídem. A veces el camino es de asfalto o grava, a veces es un lodazal, a veces se convierte en un río y hay que saltar de piedra en piedra. Llevamos caminados unos 134 km y al final del día las rodillas duelen, los calambres amenazan, las ampollas se hacen presentes, pero pienso en lo que me dice Nacho, mi entrenador: "Lore, ese dolor es adaptaciòn", y sigo adelante.
Seguí pensando para qué estoy haciendo este camino y una primera respuesta me dejó momentáneamente satisfecha: para tener una experiencia que no habìa tenido nunca y que jamás pensé poder tener. 200 y pico kilómetros a pie me parecen una proeza, pero sobre todo me han dado una seguridad en mi misma y en mis capacidades que no tenía. Me he sentido libre y en armonía conmigo misma. Veo, asimismo, el camino de Santiago como la perfecta meditaciòn en movimiento, la forma óptima de mantenerme en el presente, pues el camino demanda atenciòn y estar alerta, a riesgo de perder el paso, caerte o torcerte un tobillo, no ver las señales y equivocarte de ruta. El camino es el aquí y el ahora.Tambièn he comprobado que en esta ruta, como en la vida, cada quien hacemos nuestro camino y vamos a nuestro ritmo, con total responsabilidad por cada paso.
Continuará...
Primeras etapas: Poco peso, mucho ánimo. NOTICIAS DEL TRÓPICO 48
NOTICIAS DEL TRÓPICO
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 48, 19 de abril, 2011.
Primeras etapas: Poco peso, mucho ánimo.
La realidad me sorprendió. Tiene una forma de cegar con su claridad incandescente. Sueños, fantasías, suposiciones y expectativas no sólo se quedan cortas, sino que se estrellan frente a la realidad. Lógico, puesto que los sueños, etc. los construimos con retazos de las realidades que conocemos; pero si no la hemos vivido, imposible imaginarla y siempre nos sorprenderá. Todo esto viene a cuento porque anteayer, durante la primera etapa de 25 kilómetros, venía pensando que nada en mi mente me había preparado para la realidad del camino, donde es imposible avanzar jalando una mochila de rueditas. Ilusa pretensión. No obstante, y a nuestro favor, pronto nos reacomodamos a las exigencias de la realidad real.
El viaje hasta León nos tomó incontables horas y llegamos finalmente a nuestro hotel a la medianoche del 15. Al día siguiente nos fuimos de compras a una tienda de cosas "de montaña" y nos hicimos de la ropa adecuada. Visitamos la extraordinaria catedral de León, con hermosos vitrales y rosetones, las naves impresionantes, y sobre todo la talla de tantas imágenes y adornos en la piedra. Qué artistas!
Siguiendo las sugerencias de guías, páginas de internet y amables leoneses, decidimos brincarnos las dos primeras etapas del camino e irnos en taxi hasta Astorga. De todas maneras caminaremos poco más de 260 kilómetros y podremos llegar un poco antes para disfrutar de Santiago y quizá conocer Finisterre. Así pues, el 17, muy temprano, después de poner las mochilas en manos de José Luis, un chico que se dedica, junto con sus socios, a transportar equipajes y peregrinos, nos lanzamos a nuestros primeros 25 largos y satisfactorios kilómetros.
Recorrimos páramos que se antojaban interminables. Ahora sé a qué se refería León Felipe cuando hablaba de la estepa castellana. Estábamos en plena comarca maragata, famosa por sus guisos pantagruélicos, y al inicio de la Semana Santa (así, con mayúscula), con las procesiones de las cofradías y los sambenitos a punto de comenzar. El camino nos llevó hasta Foncebadón, una subida que nos llevó casi hasta la cima del monte Irago. En ella está la Cruz de Hierro, a 1500 metros sobre el nivel del mar, donde, siguiendo la tradición jacobea, arrojé una piedra y pedí un deseo. Al día siguiente, o sea, ayer, Addy valientemente emprendió el descenso a pie (otros veintitantos km) y yo, prudentemente, me libré de los llamados rompepiernas y le pedì un aventón a José Luis. Me cuesta trabajo dejar la soberbia convicción de mi indestructibilidad a un lado, pero la meta no es acumular kilometraje, como tampoco lo es cargar una mochila, sino llegar bien a Santiago caminando lo más posible del trayecto. Mis rodillas me lo agradecen.
La ruta nos llevó a Ponferrada, ciudad dominada por el castillo de los Templarios. Albergará la mayor colección del mundo de libros, documentos, pergaminos y demás papeles de esta antigua y controvertida orden de monjes soldados, defensores de los lugares santos y protectores de los peregrinos. Hoy a las 5 y media de la mañana iniciamos la caminata de unos 23 kilómetros que nos ha traído, 8 horas después, a Villafranca del Bierzo, última estación antes de la subida al Cebreiro y la entrada en Galicia.
Me he preguntado varias veces a lo largo del camino qué hago aquí, pero no con desesperación sino con genuina curiosidad. Habrá que hacer a un lado los porqués, que según Constelaciones Familiares son preguntas que no conducen a nada más que a un callejón sin salida, y enfocarme en preguntas más sistémicas, como por ejemplo para qué. Tales reflexiones continuarán en las próximas N. del T.
Hoy nos ha llovido y he descubierto que mi impermeable tiene goteras...
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 48, 19 de abril, 2011.
Primeras etapas: Poco peso, mucho ánimo.
La realidad me sorprendió. Tiene una forma de cegar con su claridad incandescente. Sueños, fantasías, suposiciones y expectativas no sólo se quedan cortas, sino que se estrellan frente a la realidad. Lógico, puesto que los sueños, etc. los construimos con retazos de las realidades que conocemos; pero si no la hemos vivido, imposible imaginarla y siempre nos sorprenderá. Todo esto viene a cuento porque anteayer, durante la primera etapa de 25 kilómetros, venía pensando que nada en mi mente me había preparado para la realidad del camino, donde es imposible avanzar jalando una mochila de rueditas. Ilusa pretensión. No obstante, y a nuestro favor, pronto nos reacomodamos a las exigencias de la realidad real.
El viaje hasta León nos tomó incontables horas y llegamos finalmente a nuestro hotel a la medianoche del 15. Al día siguiente nos fuimos de compras a una tienda de cosas "de montaña" y nos hicimos de la ropa adecuada. Visitamos la extraordinaria catedral de León, con hermosos vitrales y rosetones, las naves impresionantes, y sobre todo la talla de tantas imágenes y adornos en la piedra. Qué artistas!
Siguiendo las sugerencias de guías, páginas de internet y amables leoneses, decidimos brincarnos las dos primeras etapas del camino e irnos en taxi hasta Astorga. De todas maneras caminaremos poco más de 260 kilómetros y podremos llegar un poco antes para disfrutar de Santiago y quizá conocer Finisterre. Así pues, el 17, muy temprano, después de poner las mochilas en manos de José Luis, un chico que se dedica, junto con sus socios, a transportar equipajes y peregrinos, nos lanzamos a nuestros primeros 25 largos y satisfactorios kilómetros.
Recorrimos páramos que se antojaban interminables. Ahora sé a qué se refería León Felipe cuando hablaba de la estepa castellana. Estábamos en plena comarca maragata, famosa por sus guisos pantagruélicos, y al inicio de la Semana Santa (así, con mayúscula), con las procesiones de las cofradías y los sambenitos a punto de comenzar. El camino nos llevó hasta Foncebadón, una subida que nos llevó casi hasta la cima del monte Irago. En ella está la Cruz de Hierro, a 1500 metros sobre el nivel del mar, donde, siguiendo la tradición jacobea, arrojé una piedra y pedí un deseo. Al día siguiente, o sea, ayer, Addy valientemente emprendió el descenso a pie (otros veintitantos km) y yo, prudentemente, me libré de los llamados rompepiernas y le pedì un aventón a José Luis. Me cuesta trabajo dejar la soberbia convicción de mi indestructibilidad a un lado, pero la meta no es acumular kilometraje, como tampoco lo es cargar una mochila, sino llegar bien a Santiago caminando lo más posible del trayecto. Mis rodillas me lo agradecen.
La ruta nos llevó a Ponferrada, ciudad dominada por el castillo de los Templarios. Albergará la mayor colección del mundo de libros, documentos, pergaminos y demás papeles de esta antigua y controvertida orden de monjes soldados, defensores de los lugares santos y protectores de los peregrinos. Hoy a las 5 y media de la mañana iniciamos la caminata de unos 23 kilómetros que nos ha traído, 8 horas después, a Villafranca del Bierzo, última estación antes de la subida al Cebreiro y la entrada en Galicia.
Me he preguntado varias veces a lo largo del camino qué hago aquí, pero no con desesperación sino con genuina curiosidad. Habrá que hacer a un lado los porqués, que según Constelaciones Familiares son preguntas que no conducen a nada más que a un callejón sin salida, y enfocarme en preguntas más sistémicas, como por ejemplo para qué. Tales reflexiones continuarán en las próximas N. del T.
Hoy nos ha llovido y he descubierto que mi impermeable tiene goteras...
miércoles, 13 de abril de 2011
La víspera. NOTICIAS DEL TRÓPICO 47
La víspera: Caminante, no hay camino...
Se me ha quitado el miedo. Y con el miedo se han ido los dolores de espalda, la molestia en la rodilla, la preocupación por el aguante, las dudas sobre mi condición física. Estoy lista para emprender, en poco más de 48 horas, el viaje que me llevará a la tierra de mis ancestros y al inicio leonés del Camino de Santiago.
He tenido mucha suerte en estos tres meses de entrenamiento. Gracias a Nacho Fuentes, a su sabia guía y experiencia, hoy me encuentro alerta y preparada. Mi prueba de fuego fue la caminata de 15 kilómetros que hicimos el sábado pasado alrededor de Isla Mujeres. Nacho no es uno de esos entrenadores de pesadilla; en ningún momento me sentí presionada ni agotada. Mis avances se han venido dando paulatinamente y, casi sin sentirlo, hoy tengo una condición física que hace muchos años no tenía. Creo que desde aquella etapa frenética de mis 33 años, en la que motivada por las razones equivocadas diario bailaba flamenco, hacía dos horas de aeróbics y acudía a clase de jazz, no había sentido a mi cuerpo tan capaz.
Desde entonces he aprendido mucho acerca de mi misma, de mi cuerpo y su rendimiento. Ahora sé que está en mí tener enfoque y disciplina; el suficiente enfoque y la suficiente disciplina como para levantarme cotidianamente a las 4 de la mañana y lanzarme manejando durante media hora hasta el Mirador, en la Zona Hotelera, donde hay dunas de arena, subidas, bajadas y escaleras, los ingredientes principales para fortalecer el corazón. Caminatas de casi dos horas, sesiones en la elíptica, pesas, sentadillas y abdominales, todo ello en su justa combinación de repeticiones y tiempos, gracias a las rutinas sugeridas por Nacho. Me consta que “sólo por hoy” es la fórmula mágica del esfuerzo sostenido. Eso, y los evidentes resultados.
No cabe duda que la Jornada Jacobea de 310 kilómetros es – será - el mayor reto físico al que me he enfrentado en la vida. Y no dudo que acabará siendo también uno de esos parteaguas vitales, un turning point sin retorno, una cita irresistible e irremediable con el destino, como en su momento lo fue mi estancia de seis meses en la India, bajo la mirada de águila de Osho. Estoy emocionada.
Se me ha quitado el miedo. Y con el miedo se han ido los dolores de espalda, la molestia en la rodilla, la preocupación por el aguante, las dudas sobre mi condición física. Estoy lista para emprender, en poco más de 48 horas, el viaje que me llevará a la tierra de mis ancestros y al inicio leonés del Camino de Santiago.
He tenido mucha suerte en estos tres meses de entrenamiento. Gracias a Nacho Fuentes, a su sabia guía y experiencia, hoy me encuentro alerta y preparada. Mi prueba de fuego fue la caminata de 15 kilómetros que hicimos el sábado pasado alrededor de Isla Mujeres. Nacho no es uno de esos entrenadores de pesadilla; en ningún momento me sentí presionada ni agotada. Mis avances se han venido dando paulatinamente y, casi sin sentirlo, hoy tengo una condición física que hace muchos años no tenía. Creo que desde aquella etapa frenética de mis 33 años, en la que motivada por las razones equivocadas diario bailaba flamenco, hacía dos horas de aeróbics y acudía a clase de jazz, no había sentido a mi cuerpo tan capaz.
Desde entonces he aprendido mucho acerca de mi misma, de mi cuerpo y su rendimiento. Ahora sé que está en mí tener enfoque y disciplina; el suficiente enfoque y la suficiente disciplina como para levantarme cotidianamente a las 4 de la mañana y lanzarme manejando durante media hora hasta el Mirador, en la Zona Hotelera, donde hay dunas de arena, subidas, bajadas y escaleras, los ingredientes principales para fortalecer el corazón. Caminatas de casi dos horas, sesiones en la elíptica, pesas, sentadillas y abdominales, todo ello en su justa combinación de repeticiones y tiempos, gracias a las rutinas sugeridas por Nacho. Me consta que “sólo por hoy” es la fórmula mágica del esfuerzo sostenido. Eso, y los evidentes resultados.
No cabe duda que la Jornada Jacobea de 310 kilómetros es – será - el mayor reto físico al que me he enfrentado en la vida. Y no dudo que acabará siendo también uno de esos parteaguas vitales, un turning point sin retorno, una cita irresistible e irremediable con el destino, como en su momento lo fue mi estancia de seis meses en la India, bajo la mirada de águila de Osho. Estoy emocionada.
lunes, 7 de marzo de 2011
Huellas. Noticias del Trópico 46
NOTICIAS DEL TRÓPICO
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 46, 7 de marzo, 2011.
http://noticiasdeltropico-lorenzia3.blogspot.com/
Huellas
Quizá la vida sea un ir dejando huella en la vida de los demás, y recibiendo a la vez su impronta en la nuestra, a veces como suave marca, a veces a golpe de cincel. La huella que ha dejado Tere Gamboa se hizo a base de paciencia, perseverancia, sabia insistencia, sin quitar el dedo del renglón. Huella fuerte y decisiva, tesonera, como su carácter. Es una huella que ha quedado grabada individualmente en much@s de nosotr@s; pero también fue tan profunda que tocó su entorno, cambiándolo.
Porque no cualquiera crea, prácticamente de cero, el Archivo General de un estado, en este caso de Quintana Roo, apelando tenazmente a la voluntad política y transformando la conciencia pública acerca del valor de “esos papeles viejos” como la principal fuente donde podemos vernos reflejados en el espejo del tiempo y el espacio. Su entusiasta presencia en el mundo archivístico nacional no se olvidará pronto. El sistema ordenado que contribuyó a crear en los archivos de todas las instancias públicas estatales, nos regirá por muchos años.
La Tere Gamboa que tuve el privilegio de conocer y llamar amiga, me dio su confianza en largas charlas donde se mezclaban nuestras inquietudes, historias personales, logros laborales y proyectos futuros. Con ella tengo, además, una enorme deuda profesional. Gracias a su invitación, participé en el Voluntariado Cultural, una experiencia de difusión de la historia de Quintana Roo a principios de los años 90, que nos llevó a un grupo de interesad@s en el asunto, a viajar por el estado y compartir con gente de todas las edades, en escuelas y casas de la cultura, nuestra percepción de la tierra adoptiva.
Asimismo, no podría haber escrito Hierofanía combatiente, de no haber sido por la oportunidad única que Tere me ofreció de acompañarla a revisar el acervo de Quintana Roo en un archivo de tan difícil y restringido acceso como el de la Defensa Nacional. Nos dimos cita diariamente durante casi dos semanas para reproducir en una grabadora aquellos documentos, y mientras Tere se dedicaba a las series de 1902 en adelante, especialmente el periodo de la Revolución, yo me sumergí en los informes, partes de guerra, oficios, cartas, telegramas y mapas del siglo XIX. Gracias a esta invitación de Tere, pude asomarme por una ventana desconocida a aspectos nunca estudiados de la Guerra de Castas.
Por más que la muerte sea parte de la vida – o quizá la vida sea tan sólo un paréntesis de la muerte – cuando ocurre es siempre un golpe y una sacudida, un preguntarse por qué, una profunda sensación de pérdida y vacío. Así me siento ante tu muerte, querida Tere, querida amiga. Dejas un hueco lleno ya de nostalgia.
El newsletter de Lorenzia, año 13, núm. 46, 7 de marzo, 2011.
http://noticiasdeltropico-lorenzia3.blogspot.com/
Huellas
Quizá la vida sea un ir dejando huella en la vida de los demás, y recibiendo a la vez su impronta en la nuestra, a veces como suave marca, a veces a golpe de cincel. La huella que ha dejado Tere Gamboa se hizo a base de paciencia, perseverancia, sabia insistencia, sin quitar el dedo del renglón. Huella fuerte y decisiva, tesonera, como su carácter. Es una huella que ha quedado grabada individualmente en much@s de nosotr@s; pero también fue tan profunda que tocó su entorno, cambiándolo.
Porque no cualquiera crea, prácticamente de cero, el Archivo General de un estado, en este caso de Quintana Roo, apelando tenazmente a la voluntad política y transformando la conciencia pública acerca del valor de “esos papeles viejos” como la principal fuente donde podemos vernos reflejados en el espejo del tiempo y el espacio. Su entusiasta presencia en el mundo archivístico nacional no se olvidará pronto. El sistema ordenado que contribuyó a crear en los archivos de todas las instancias públicas estatales, nos regirá por muchos años.
La Tere Gamboa que tuve el privilegio de conocer y llamar amiga, me dio su confianza en largas charlas donde se mezclaban nuestras inquietudes, historias personales, logros laborales y proyectos futuros. Con ella tengo, además, una enorme deuda profesional. Gracias a su invitación, participé en el Voluntariado Cultural, una experiencia de difusión de la historia de Quintana Roo a principios de los años 90, que nos llevó a un grupo de interesad@s en el asunto, a viajar por el estado y compartir con gente de todas las edades, en escuelas y casas de la cultura, nuestra percepción de la tierra adoptiva.
Asimismo, no podría haber escrito Hierofanía combatiente, de no haber sido por la oportunidad única que Tere me ofreció de acompañarla a revisar el acervo de Quintana Roo en un archivo de tan difícil y restringido acceso como el de la Defensa Nacional. Nos dimos cita diariamente durante casi dos semanas para reproducir en una grabadora aquellos documentos, y mientras Tere se dedicaba a las series de 1902 en adelante, especialmente el periodo de la Revolución, yo me sumergí en los informes, partes de guerra, oficios, cartas, telegramas y mapas del siglo XIX. Gracias a esta invitación de Tere, pude asomarme por una ventana desconocida a aspectos nunca estudiados de la Guerra de Castas.
Por más que la muerte sea parte de la vida – o quizá la vida sea tan sólo un paréntesis de la muerte – cuando ocurre es siempre un golpe y una sacudida, un preguntarse por qué, una profunda sensación de pérdida y vacío. Así me siento ante tu muerte, querida Tere, querida amiga. Dejas un hueco lleno ya de nostalgia.
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